3 consejos imprescindibles para ser escritor

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1. Antez de comensar a hescribir ez inportante conoser de ortografia.

Aunque parezca obvio, muchos de los escritores jóvenes, y aun los mayores, llegan a tener errores ortográficos y gramaticales al teclear en el ordenador, pero aunque podemos culpar a las redes sociales de ser uno de los principales picahielos de nuestro acervo de la escritura, aquel que quiera proponerse iniciar una carrera como novelista, cuentista, y otros “istas” debería tomarse de media hora a una hora como mínimo, todos los días, para escribir lo que sea, un pequeño relato de algo nuevo que vio en el baño de su casa, o desde la ventana del sexto piso.

A veces, cuando me encuentro en el proceso de escritura, debo tener a la mano (o sea, en otra ventana del internet) el diccionario. No sólo para definir a la máxima precisión el significado de las cosas y de palabras nuevas que me gustaría usar en los textos, sino para no crear raras combinaciones y absurdos como: “trueno ruidoso”, “nuevos relojes míticos”, “vértigo del pozo”, y otras incongruencias que pueden ocurrir, cuando tenemos idea de lo que queremos decir, pero simplemente, no nos interesa asegurarnos de que usamos las herramientas correctas.

2. ¡Se lo ruego de veras, por todo lo bueno y justo…! No abuse de las exclamaciones.

Los personajes gritan y se enojan, y nosotros nos enojamos con ellos, porque no saben expresarse. No saben decir lo que quieren, pero siempre tienen una parte del alma y del mundo real del escritor. Si estamos conscientes de ello, trataremos de sacarle las frases a los seres que imaginamos de modo tal, que sus risas o lamentos hagan eco, aun cuando sus palabras sean sólo un “no, ya no te amo”.

3. Proyectando, creando y ordenando su historia, el escritor no debe estar abusando de los gerundios.

Hace poco leí la obra teatral de un amigo, que quería que le diera una opinión breve del texto que había hecho, y encontré que el sesenta porciento o más del vocabulario de la gente que contaba aquella historia eran lisuras. Este punto, sobre los gerundios, es más o menos lo mismo. Cuando abusamos de los recursos literarios, incluyendo el uso excesivo de la misma fórmula de adjetivación, cansan al lector (o al espectador en el caso del teatro), y lo orillan a dejar de lado lo que esté leyendo.

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